A mediados y finales de abril de 2026, la discusión sobre la mala fe ante la EUIPO se ha concentrado, en la práctica, en la resolución de la Quinta Sala de Recurso de 20 de febrero de 2026, destacada después en la sección de jurisprudencia reciente de la Oficina el 17 de marzo de 2026, en el asunto Breitling for women / BREITLING. La importancia de este caso no reside en repetir la idea básica de que aprovecharse de una marca famosa es arriesgado. Su verdadero valor está en que lleva a primer plano una fórmula más afilada: cuando el solicitante incorpora directamente en el signo pedido una marca notoria de un tercero y no puede aportar una estrategia empresarial creíble, coherente y comercialmente plausible que explique esa elección, la EUIPO está cada vez más dispuesta a tratar la solicitud como un abuso del sistema marcario, en lugar de dejar la controversia en el plano de la semejanza, la distintividad o una especulación vaga sobre el mercado.
Esto importa a titulares de marca, vehículos de inversión, estructuras de presentación masiva y estrategias de acumulación marcaria por igual. Durante años, algunos solicitantes han intentado defender expedientes problemáticos con relatos difusos sobre futura expansión, posicionamiento temprano, incubación de categorías o posible desarrollo posterior de marca. La señal práctica que emerge de esta línea de razonamiento es clara: la falta de intención comercial real se está convirtiendo en uno de los pesos más determinantes del análisis de mala fe. La cuestión ya no es solo si el solicitante conocía el signo famoso anterior. La cuestión es si puede explicar, de una manera que tenga sentido empresarial objetivo, por qué ese signo tenía que integrarse en su propia marca y qué proyecto comercial real conectaba esa elección con el mercado.
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