Un artículo firmado por Shen Changyu, comisionado de la CNIPA, y publicado en el número 6 de 2026 de Qiushi, pone cifras concretas a uno de los problemas más persistentes de la innovación china: más de 1,349 millones de patentes existentes en universidades e institutos de investigación no habían logrado una comercialización efectiva antes de que se realizara un inventario nacional y una evaluación básica de valor en más de 2.700 instituciones. El texto sitúa ese volumen frente a dos indicadores económicos clave. En 2025, el volumen de contratos tecnológicos relacionados con patentes alcanzó 1,18 billones de RMB, mientras que en 2024 el valor añadido de las industrias intensivas en patentes llegó a 18,04 billones de RMB, equivalentes al 13,38% del PIB.
La importancia de estas cifras no reside solo en que China tenga “muchas patentes”, sino en que la siguiente fase de su política de propiedad intelectual debe responder a una pregunta más exigente: qué patentes pueden realmente convertirse en productos, cadenas de suministro, licencias o inversión industrial. Shen resume los obstáculos en cinco categorías recurrentes: patentes que no pueden transferirse, que no generan incentivos para transferirse, que implican demasiado riesgo, que carecen de intermediación profesional suficiente o que encuentran un mercado todavía débil. En conjunto, el diagnóstico es claro: el problema ya no es únicamente la producción de activos, sino su conversión económica.
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