La USPTO endurece el estándar para declaraciones periciales asistidas por IA ante la PTAB
El 2 de julio, la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos (USPTO) publicó un memorando dirigido de forma expresa a la prueba pericial en los procedimientos ante la PTAB. El mensaje inmediato no es que las herramientas de IA queden prohibidas. Lo relevante es que toda declaración pericial que incorpore cuadros comparativos, análisis técnicos, mapeos de reclamaciones o extrapolaciones de datos asistidos por modelos de lenguaje u otras herramientas similares deberá ir acompañada de una declaración jurada de verificación independiente.
El memorando importa porque traslada el debate sobre la IA desde la mera forma de redacción hacia la fiabilidad probatoria. Si no se revela con franqueza el grado de intervención de la IA, o si el perito no puede demostrar una revisión humana sustantiva del análisis incorporado a la declaración, la PTAB puede tratar esos apartados como prueba de oídas y excluirlos. Para quienes preparan expedientes de IPR y otros procedimientos post-grant, esto cambia la forma de construir, documentar y sostener la prueba experta.
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No es solo una regla de transparencia, sino una cuestión de admisibilidad
Muchos equipos leerán esta novedad como una obligación reforzada de revelar el uso de IA. Esa lectura se queda corta. La pregunta más delicada que introduce el memorando es otra: si los pasos analíticos decisivos fueron generados, estructurados o fuertemente moldeados por una herramienta, ¿la declaración sigue siendo realmente testimonio del perito? Cuando esa frontera se vuelve borrosa, el problema deja de ser reputacional y pasa a convertirse en un problema probatorio de base.
Ahí es donde la verificación independiente cobra peso real. La PTAB no parece pedir una frase decorativa que diga que el perito revisó el texto. Lo que está exigiendo es que la revisión humana se vuelva visible dentro del expediente. Si esa trazabilidad no existe, la otra parte gana espacio para sostener que lo presentado no es una opinión experta nacida del análisis propio del testigo, sino una reformulación de una salida de máquina. En un procedimiento contencioso, esa diferencia puede ser decisiva.
La próxima disputa girará en torno al proceso de producción del análisis
Hasta ahora, buena parte de las batallas sobre declaraciones periciales ante la PTAB se concentraban en la obviedad, en la solidez de la motivación para combinar referencias o en si el experto encarnaba de forma creíble la perspectiva de una persona con conocimientos ordinarios en la materia. Nada de eso desaparece. Pero aparece una nueva línea de ataque, muy concreta y difícil de esquivar: cómo se hizo exactamente el trabajo. Si los cuadros comparativos, los resúmenes de arte previo, las inferencias técnicas o los mapeos terminológicos muestran huellas de herramientas generativas, la contraparte querrá saber qué sistema se utilizó, con qué instrucciones, qué porcentaje del resultado fue corregido y qué materiales revisó personalmente el perito.
Eso aprieta de otra manera. Ya no bastará con que el experto diga que “revisó” un borrador asistido por IA. La posición más segura será aquella en la que pueda explicar, con detalle práctico, qué partes preparó de forma independiente, qué partes contaron con ayuda de IA para ordenar o redactar y cómo verificó una por una las citas, los hechos y los pasos inferenciales antes de adoptar el texto final. La IA puede seguir siendo una herramienta. Lo que ya no resulta prudente es tratarla como un coautor invisible.
En IPR y otros procedimientos PTAB, el primer impacto caerá sobre tiempos, costes y diseño del expediente
Es posible que el memorando no cambie de inmediato las tasas de éxito, pero sí alterará pronto la disciplina de preparación. Muchos equipos se habían acostumbrado a usar sistemas de IA para acelerar el armado de charts, resumir referencias, ordenar comparaciones técnicas y producir una primera capa analítica antes de que expertos y abogados cerraran la versión final. Ese flujo no queda necesariamente descartado. Lo que ocurre es que ahora será más difícil defenderlo si no deja una huella clara de lo que el perito verificó personalmente.
Eso desplaza trabajo hacia etapas más tempranas. Los expertos pueden necesitar intervenir antes. Los abogados tendrán que pensar antes en notas internas, listas de comprobación y registros de revisión que puedan sostener la declaración si luego se cuestiona. Intentar añadir una fórmula de verificación independiente al final, cuando el archivo ya se construyó en una caja negra, puede sonar suficiente en el papel, pero suele romperse bajo preguntas concretas. El resultado práctico es un frente inicial más costoso, aunque también un expediente más resistente si se prepara bien.
No hace falta abandonar la IA, pero sí rehacer las reglas internas de uso
La reacción equivocada sería concluir que cualquier uso de IA generativa en trabajo pericial relacionado con la PTAB se ha vuelto demasiado arriesgado. Eso no es realista y, en muchos casos, tampoco es necesario. La respuesta más útil consiste en dejar de tratar la IA como una capa invisible de productividad y empezar a tratarla como una herramienta auxiliar gobernada, explicable y verificable. Los equipos deberían definir desde ahora qué tareas pueden delegarse en flujos asistidos por IA, qué tareas deben ser ejecutadas desde cero por el perito y qué resultados exigen prueba contemporánea de revisión humana antes de entrar en una declaración.
En la práctica, cualquier material pericial que pueda acabar en el expediente de la PTAB debería tener una posición de divulgación prevista, un protocolo de verificación y una política de conservación documental acorde con su nivel de riesgo. Para los peticionarios, eso será clave si quieren evitar que una prueba central quede debilitada o excluida. Para los titulares de patente, se abre una vía más afilada para cuestionar declaraciones que lucen sofisticadas pero tienen una base poco transparente. El mensaje de fondo no es anti-IA. Es antiopacidad. La eficiencia sigue siendo bienvenida, pero la carga probatoria sigue perteneciendo a la parte y al testigo que presentan la declaración.



