China refuerza su proyecto de Ley de Marcas contra el acaparamiento malicioso
China ha abierto la consulta pública sobre el proyecto de segunda revisión de su Ley de Marcas, y la señal política es bastante clara: el legislador sigue endureciendo su posición frente a las solicitudes anómalas, los registros de mala fe y el acaparamiento de marcas sin una necesidad empresarial real detrás. Para las empresas, no se trata solo de un tono más severo. Cada vez será más difícil sostener una estrategia de registro demasiado alejada del uso comercial efectivo.
La relevancia de este movimiento tampoco se limita a los casos más visibles de usurpación o aprovechamiento de nombres ajenos. El problema de fondo es más amplio: carteras infladas, solicitudes en serie, coberturas excesivas por clases y marcas mantenidas como fichas de negociación o reserva estratégica. Si la segunda revisión sigue cerrando ese espacio, muchas compañías tendrán que revisar no solo qué registran, sino también por qué lo registran ahora, con qué alcance y con qué lógica probatoria podrían defenderlo después.
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Por qué el borrador vuelve a poner el foco en el acaparamiento
Los conflictos más notorios de mala fe llaman la atención, pero no son el único problema que deforma el sistema. El daño más persistente lo causa la acumulación de marcas que no están pensadas para un uso genuino y que, aun así, ocupan espacio registral, elevan los costes de búsqueda y entorpecen decisiones normales de branding. Si el proyecto insiste en restringir ese fenómeno, el mensaje es directo: el registro ya no debería funcionar como un almacén barato de signos sin una ruta comercial creíble.
Además, el acaparamiento no siempre adopta una forma escandalosa. Muchas veces aparece como sobrecobertura defensiva, solicitudes masivas repartidas entre entidades vinculadas o carteras construidas para reservar opciones futuras sin un plan concreto de explotación. Cuando la norma empieza a mirar con más atención la finalidad de la solicitud y la necesidad empresarial razonable, la presión se desplaza hacia el momento mismo de decidir el registro.
Las carteras de marcas tendrán que justificarse mejor
En muchas empresas la cartera se ha construido por capas. Una capa cubre signos ya usados o vinculados a lanzamientos próximos. Otra reúne nombres para expansión futura, defensa preventiva, conversaciones con inversores o simplemente para impedir la entrada de terceros. La dirección del proyecto sugiere que esa segunda capa será más vulnerable si la distancia entre el registro y la actividad real empieza a resultar demasiado evidente.
El impacto no será idéntico para todos. Los grandes grupos suelen arrastrar reservas históricas y solicitudes dormidas durante años. Las start-ups, en cambio, tienden a registrar con demasiado alcance porque todavía están definiendo su modelo de negocio y no quieren cerrar puertas. En ambos casos, la vieja lógica de “registrar primero y ordenar después” pierde comodidad. Lo importante ahora es poder explicar con cierta coherencia el momento del registro, su alcance y su relación con un uso previsto o razonablemente defendible.
La presión se adelanta y la prueba gana peso
Un marco más estricto no significa que toda solicitud amplia vaya a ser tratada automáticamente como maliciosa. Sí sugiere que el examen y los procedimientos de controversia prestarán más atención al patrón de solicitudes, a la forma de la cartera y a la coherencia empresarial que hay detrás. Lo que antes podía pasar por flexibilidad de redacción puede empezar a verse como una debilidad que requiere explicación.
Eso cambia la gestión marcaria en la práctica. Ya no basta con presentar, renovar y archivar. Hará falta una disciplina probatoria más sólida: qué signos están ligados a planes reales de producto, cuáles siguen siendo exploratorios, qué clases responden a una expansión concreta y qué solicitudes conviene limitar o abandonar. No toda esa lógica debe exponerse públicamente, pero cuando llegue una oposición, una nulidad o una acción por falta de uso, la capacidad de contar una historia consistente será parte de la defensa.
Qué deberían ajustar ahora las empresas
El primer ajuste es dejar de tratar del mismo modo las marcas núcleo, las submarcas de lanzamiento cercano y los nombres puramente defensivos. No responden a la misma lógica. Las marcas estratégicas pueden justificar cierta anticipación. Los nombres marginales o especulativos exigen más disciplina: clases más ajustadas, menos solicitudes en bloque y menos tolerancia a la acumulación por inercia.
El segundo ajuste es interno. Aprobaciones de producto, pruebas de mercado, desarrollo de envases, activación de dominios, conversaciones con canales y calendarios de lanzamiento generan hechos que luego pueden reforzar o debilitar la narrativa del registro. Equipos de marca, jurídicos y asesores externos deberían trabajar ese material con más intención. La reforma no anuncia el fin de la estrategia marcaria. Anuncia el fin de la comodidad con carteras sobredimensionadas que no pueden explicarse bien en términos de negocio.



